Beckham y su hijo, un duelo de relojes de lujo en wimbledon

Wimbledon 2026 desveló un detalle más allá de los puntos a favor: el estilo de las celebridades, y en particular, la fascinación por los relojes. Un espectáculo que, lejos de ser una mera tendencia, reveló un claro contraste entre generaciones y la impronta de marcas icónicas.

Dos estilos, dos épocas, un mismo afán por la perfección

Dos estilos, dos épocas, un mismo afán por la perfección

El día de apertura, David Beckham, embajador de Tudor, lucía impecable con el renovado Black Bay 58, un modelo que la marca ya había proclamado como uno de los mejores del año. Un regreso a las raíces, una reinterpretación de un clásico con detalles que evocan la relojería vintage, y una certificación Master Chronometer que garantiza una precisión y resistencia magnética sin precedentes. El caso de 39mm, ahora más esbelto y confortable, es una clara apuesta por la ergonomía.

Pero la atención se centró rápidamente en Romeo Beckham, quien optó por un Patek Philippe Nautilus, un icono de la alta relojería. Un reloj que, como la propia marca reconoce, revolucionó el mercado en 1976 al fusionar la robustez de un acero con la elegancia de un diseño de vestir. La pieza de Romeo, con un brillo particular, no es un modelo estándar; se trata de un ejemplar en 18k amarillo, un lujo que eleva la inversión a niveles estratosféricos. La historia del Nautilus es, en sí misma, un relato de audacia y diseño.

Mientras que Beckham apostó por la tradición renovada, con la garantía de Tudor, Romeo eligió un símbolo de la innovación y la artesanía. Dos relojes, dos herencias, dos manifestaciones del gusto y la sofisticación. La diferencia en precio, inevitablemente, es abismal, pero lo que une a ambos es la certeza de que, para estas familias, el tiempo es un bien preciado, un lujo que se celebra con elegancia y, sobre todo, con estilo. Una exhibición de poder que Wimbledon, este año, ha convertido en protagonista.