La inclusión en la pasarela se encuentra con la realidad de las compras: ¿un cambio verdadero?

La inclusión en la industria de la moda ha dado un giro, con marcas como Balenciaga y Givenchy presentando modelos de talla grande en sus últimas presentaciones. Sin embargo, esta visibilidad en la pasarela no se traduce automáticamente en una mayor disponibilidad de tallas en las tiendas, lo que genera una desconexión palpable.

La pasarela vs. el ropero: un abismo persistente

La pasarela vs. el ropero: un abismo persistente

Durante años, la industria de la moda ha operado bajo una visión estrecha de la belleza. A pesar de los esfuerzos recientes por mostrar cuerpos diversos, la oferta real en tallas extendidas sigue siendo limitada. Un estudio reciente revela que el 97.6% de los looks presentados en las pasarelas de otoño/invierno 2026 fueron de tallas estándar, mientras que solo el 0.3% eran de tallas grandes (US 14+).

Esta discrepancia afecta directamente a los consumidores. Según una encuesta de Vogue Business, casi la mitad de las personas se sienten presionadas a perder peso para sentirse a la moda. Aunque la visibilidad en la pasarela es un paso, la falta de opciones de compra en tallas grandes frustra a quienes buscan reflejar su realidad en su vestuario. La diseñadora Remi Bader, quien ha construido una plataforma a través de sus honestas reseñas de ropa, señala que “es desconcertante ver modelos de talla grande en una pasarela y luego no poder comprar esas prendas”.

La situación se agrava en el mercado de lujo, donde la disponibilidad de tallas grandes es aún más escasa. Los consumidores de tallas grandes a menudo se enfrentan a la imposibilidad de encontrar prendas que se ajusten a sus cuerpos, lo que genera una sensación de exclusión. Mytheresa, un minorista de lujo, confirma que la demanda de tallas extendidas existe, pero su oferta se ve limitada por la escasez de inventario. “Cuando se les da la profundidad y la visibilidad adecuadas, se observa un alto nivel de participación en un rango de tallas más amplio”, explica Tiffany Hsu, jefa de compras de Mytheresa.

Christian Siriano, un diseñador reconocido, enfatiza que la inclusión debe ser integral: “Si vas a decir que crees en la inclusión, tienes que poner el esfuerzo para que las prendas realmente queden bien”. Siriano propone que el diseño debe ser flexible, permitiendo la adaptación a diferentes cuerpos y reduciendo la necesidad de una gran variedad de tallas.

Algunas marcas están explorando estrategias para abordar este problema. Ester Manas, una marca francesa, ha experimentado con la creación de prendas versátiles y el uso de colaboraciones con minoristas para ampliar su rango de tallas. La marca Pull&Bear, por ejemplo, trabajó con Ester Manas en una colección cápsula que incluye tallas hasta 2XL, un proceso que requirió meses de desarrollo y ajuste.

Sin embargo, la implementación de estas estrategias requiere una inversión significativa en diseño, producción y marketing. La adaptación de patrones y la gestión de inventario son desafíos que muchas marcas aún no han abordado completamente. El costo de refitting de prendas, especialmente para marcas pequeñas, puede ser prohibitivo. El modelo de colaboraciones, aunque útil, también puede plantear retos en cuanto a la consistencia en la calidad y el ajuste.

No obstante, la industria está empezando a comprender que la representación en la pasarela no es suficiente. Para realmente atender a los consumidores de talla grande, las marcas deben integrar la inclusión en todas las etapas, desde el diseño hasta la comercialización, y estar dispuestas a invertir en el proceso. La clave reside en la autenticidad: demostrar un compromiso genuino con la diversidad de cuerpos, no solo cuando se trata de una tendencia.

La industria ha operado bajo una visión limitada durante mucho tiempo. Para que la inclusión sea más que una imagen, se necesita un cambio sistémico que abarque diseño, producción y marketing. La verdadera transformación comienza cuando las marcas comprenden que servir a todas las tallas no es una opción, sino una necesidad.

La verdadera pregunta no es si las marcas están listas para la inclusión, sino si están dispuestas a hacer el trabajo necesario para que se convierta en una realidad.