Maine: la democra­cía en crisis y el aroma a revancha

La campaña en Maine se acaba de convertir en un espectáculo de autotortura para los demócratas. Ocho horas de confesiones públicas, un duelo de estrategias desastrosas y una polarización que recuerda a los días más oscuros de la primaria de 2016. Es un circo, y la gente está harta.

n

Un festín de autocrítica inútil

Un festín de autocrítica inútil

n

La insistencia en desgranar los internos de los demócratas, ese acto tan peculiar de compartir sus dudas más profundas con la prensa, no ha sido una buena idea. Parece que, en lugar de fortalecer la imagen, ha expuesto una fractura interna que amenaza con consumir la campaña. La proliferación de ataques frontales contra Graham Platner, con sus acusaciones de populismo y su falta de autocrítica, es una muestra de desesperación, no de contención. Un candidato que no se conoce a sí mismo, que no ha realizado un escrutinio interno, es una bomba de relojería.

n

Pero hay un detalle que no se menciona: la presencia zombie de Janet Mills en la contienda. Su persistencia en la candidatura, a pesar de las encuestas y la falta de recursos, es una burla a los votantes. No se trata de un intento de